REUNIÓN DE VECINOS

Hace poco asistí a una reunión de la comunidad de vecinos de la que tengo en consideración como mi casa, a pesar de que realmente aún será del banco por muchos años. Lo cierto es que esta ya hacía tiempo que debería haberse hecho, pero por unos motivos o por otros, se retrasó su convocatoria.

Lo primero que nos podemos encontrar en una de estas reuniones, es la impuntualidad de la gente o las ausencias de algunos de los vecinos, quizá sabedores del poco provecho que acaban consiguiendo estos encuentros. Otra de las situaciones que en esta reunión, al igual que en muchas otras de diversa índole podemos encontrar, es una gran cantidad de gente que no tiene nada mejor que hacer y que intenta por todos los medios, que la reunión se alargue al máximo. Así empiezan a hablar entre ellos, a deshora, quejándose de esto, de lo otro o de lo que les afecta particularmente a ellos, criticando al administrador de fincas a sus espaldas, diciendo que es hora de deshacerse de él porque no hace nada ante algunos problemas que hay por resolver desde que nos dieron las llaves, quejándose también de los desperfectos del edificio, de las evasivas del constructor...

Cuando llega el momento de hablar cara a cara, de las chácharas ya no queda nada. Alguien sí que se atreve a manifestar su descontento, pero al final, cuando parecía que la reunión en realidad se le iba de las manos y no sabía responder ante el rebaño, como buenos corderillos, todos acaban yendo en la dirección que de manera sutil acaba marcando el administrador.

Otra de las particularidades de estos encuentros, son las votaciones, pero mientras el bolsillo parezca que se toca lo menos posible, siempre puede resultar más fácil llegar a un acuerdo.

Finalmente, te percatas que una reunión que podía haberse hecho en veinte minutos y después cada uno a que hiciese lo que quisiera, en realidad ha durado cerca de dos horas. Si en una sencilla reunión de vecinos pasan estas cosas, no quiero ni imaginar una reunión de carácter político.

¿Por qué nos cuesta tanto llegar al consenso?. ¿Por qué en una reunión colectiva acabamos anteponiendo siempre los problemas particulares?. ¿Por qué nos quejamos tanto por detrás y a la hora de la verdad acabamos callando?. ¿Por qué le damos tantas vueltas a las cosas sin acabar sacando mucho más en claro?.

Quizá, como la gente ha dejado de creer, ya no va a los confesonarios y como tampoco tiene dinero para pagarse un psicólogo, además de que quiere volver a casa lo más tarde posible, es por eso que acude a las reuniones de la comunidad de vecinos, haciendo del encuentro una experiencia repelente, larga, pesada y poco aclaratoria. ¡En fin!. ¡Parece que son cosas de la vida!. ¡Lástima perder el tiempo de esta precisa manera!.
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CASTELLANO - VALENCIANO

Desde pequeño he aprendido a hablar en valenciano como la cosa más natural del mundo. Mis padres siempre han hablado en casa haciendo uso de esta lengua, igual que mis abuelos, que casi no sabían hablar en castellano. Pienso que yo he tenido suerte de ser bilingüe y aprender bastante bien los dos idiomas. Quizá hubo algún momento en el que se restringió hablar esta lengua, o también se tildó como de “segunda clase”, pero tiempo después, se invirtió mucho dinero rescatándola y potenciándola, quizá ya en exceso, a veces cayendo en absurdos nacionalismos, quien sabe si a menudo tiznados bajo el nombre de cultura, o como escucho ahora, que incluso constituye una opción xenófoba para los estudios de los hijos, dado que hay menos inmigrantes en las clases en valenciano.

Quizá lo mismo sucede entre los colegios públicos o religiosos. Entonces la lengua y las creencias religiosas, quien sabe si además asociadas a ideales políticos, constituyen unos claros elementos diferenciadores, separadores y si ya los vamos alimentando con la educación en el colegio, entramos ya en los mismos círculos viciosos que han gobernado la humanidad desde siempre, de los que no hemos sacado nada que no sea alimentar el conflicto, la diferencia, la división, por mucho que se hable de igualdad, tolerancia y una diversidad enriquecedora.

Ahora se habla también de recortes, y quien sabe si volverán a recortar el valenciano, pero quizá, siempre acabamos recortando de cualquier parte menos de las estupideces con las que se mueve el ser humano desde que camina por la tierra y que no nos dejan sacar la mano del calabacín, por mucho que creamos haber evolucionado, donde sólo distinguimos gente del pueblo o forasteros; buenos y malos; amigos y enemigos; de derecha o de izquierda; de un color o de otro; creyentes y no creyentes; de este equipo de fútbol o del otro... Está claro que la diversidad está aquí, pero en este sentido, parece que lo que es de uno, siempre acaba siendo mejor que lo que hace, cree, sigue o piensa el otro y aún no lo sabemos llevar demasiado bien, igual que pasa con el lenguaje, que incluso hablando un mismo idioma, acabamos sin llegar a comprendernos. ¿Entonces qué importa si hablamos castellano, valenciano, inglés, chino o rumano?.
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CARIDAD VS DIGNIDAD

En repetidas ocasiones he visto gente en nuestra ciudad escarbando en los contenedores de basura. Podríamos decir que a veces este hecho constituye una verdadera enfermedad, dado que algunas personas se dedican a almacenar todo tipo de desperdicios sin mayor sentido ni provecho, pero también hay gente que lo hace por necesidad, buscando cosas que aprovechar para vestirse, para vender, o incluso, algunos para comer.

Sólo de pensar en los olores de restos de pescado y verduras o frutas en descomposición, pañales, compresas o quién sabe qué otras cosas que ambientan el interior de un contenedor, siento verdadera angustia.

¿Qué puede llevar a una persona a rebajarse de esta manera y buscar entre la basura?. Podríamos pensar que algunos lo hacen por orgullo, porque les supone una humillación haber de recurrir a la caridad de los otros y mirarse cara a cara, con sumisión, midiéndose, comparándose, dependiendo al completo de esa voluntad ajena, que quizá se encuentra en una posición dominante, superior. Parece así que un contenedor es más anónimo e impersonal, pero ¿dónde está el posible orgullo ante esta otra acción?.

Por otro lado, también hay gente que representa la otra cara de la moneda, que no siente la vergüenza o incluso, a veces no tienen una verdadera necesidad para pedir, pero que lo hacen aprovechándose de la buena disposición de la gente caritativa, incluso con exigencias.

Así, un tiempo atrás, quizá la caridad era un modelo necesario, que respondía a la moral de la época y que funcionaba, pero pienso que hoy es un arquetipo completamente desfasado y que no funciona, además de que contribuye a crear personas dependientes, acomodadas e inútiles, que no fomentan ni utilizan las capacidades de autoabastecimiento propias de todo ser humano, actitud que además, se perpetúa generaciones tras otras, clasificando así las personas como integradas en la sociedad o marginadas.

Una vez alguien me dijo que esas personas son “inoperantes”. Quizá queriendo ser culto, igualmente acabó calificando a esas personas de inútiles. Yo estoy convencido de que todos tenemos capacidades, que para barrer una calle, vigilar un parque, acompañar a una persona, pasear un perro o cuidar un paraje natural, tampoco hacen falta demasiadas aptitudes especiales, aparte que hacer cosas como estas puede hacernos sentir útiles, que no somos unos marginados, que en realidad estamos ganándonos el pan con dignidad.

Quizá este nuevo modelo de intercambio deba ir ya abriéndose paso, dejando atrás el viejo modelo sobre protector, paternalista y caritativo, que se limita a dar un pescado para hoy y más hambre para el día siguiente, en lugar de enseñar a la persona a autoabastecerse, intercambiando sus capacidades para obtener lo necesario para vivir. Después de todo, decir esto no es nada nuevo porque ya estaba contemplado en escritos muy antiguos. Falta llegar ya de una vez a ponerlo en práctica.

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SE NECESITAN DESESPERADOS


Mi mujer conoció a un empresario que decía abiertamente que en su empresa quería trabajadores con hipoteca, un coche que pagar, familia que mantener... porque esos trabajadores eran los únicos que respondían como él necesitaba. Así, igual que el empresario quiere trabajadores endeudados, también interesa tener países igualmente endeudado, como parece que está pasando con el nuestro.
Quizá Europa necesita mano de obra barata y delante de las mismas puertas de casa para reducir costes de importación, y parece que en nuestro país no hacemos nada por evitarlo. Podría decirse que estamos cerca de vivir en un país tercermundista. Quien sabe si así llegaremos a instaurar un modelo comunista o dictatorial, en el que el empobrecimiento del pueblo cree mano de obra barata que algunos interesa, a los dirigentes de nuestro país, como la mercancía que vender, y a los de los otros países, como la mercancía que comprar abajo precio, sin necesidad de regatear.
De esta manera, sin trabajo, sin ingresos, con familia e hipoteca, sin estudios y con problemas de salud, pronto se buscará gente realmente desesperada, dispuesta a bajarse los pantalones por un trabajo precario y un sueldo miserable. Con este sueldo, no nos llegará para comer, pagar hipoteca, medicinas, dentista, estudios de los hijos, impuestos y peajes, aunque quizá llegaremos a un punto en que no podamos permitirnos un coche o incluso, cosas como la sanidad, la universidad o los transportes públicos, hayan dejado de existir.
Yo he tenido la oportunidad de trabajar en una empresa que seguía este mismo modelo, en la que se menospreciaba los trabajadores y todo era querer reducirle derechos o tenerlos a su total disposición. Todos estaban trabajando de mala gana, sin implicarse mucho en el trabajo o escondiéndose cuando aparecían los patronos. Yo era de los que no quise hacer horas extraordinarias, ni trabajar fines de semana.
En otra empresa donde trabajé después, en la que estaba a gusto, no me importaba hacer horas extras, incluso en fin de semana o hasta trabajando sin cobrar o llegando a poner mis propios recursos a disposición de la empresa.
Quizá entonces hay que analizar qué clase de país queremos y pensar si las medidas que irán anaren aplicándose son realmente las que mejor van a funcionar, porque no hay nada como la gente esté contenta y satisfecha.
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GRACIAS AMIGOS

Vivimos en un mundo complejo, donde las relaciones humanas también resultan complicadas, a veces incluso dentro de la propia familia; donde podemos encontrar gente envidiosa, otra rencorosa, orgullosos o también egoístas...

Siempre he dicho que es mejor llevarse bien con todo el mundo, y a pesar de que es difícil, para llevarse mal, seguro que es mejor no llevarse, o en todo caso, compartir sólo un hola y un adiós, sin meterse más allá en la vida de los otros, sin ni siquiera acabar hablando mal a espaldas de una persona que no merece la energía de un pensamiento nuestro.

Por otro lado, también me ha gustado aprovechar mis capacidades para ayudar siempre a todo el que he conocido, sin esperar nada a cambio, porque así me nace. Igualmente siempre he procurado mi autosuficiencia y tratar de resolver los problemas o dificultades por mí mismo, aprendiendo muchas cosas que quizá al mismo tiempo también han servido para apoyar a otros, o viendo que una persona sola no puede hacerlo todo.

Aun así, pocas veces he necesitado de una gran ayuda, quizá porque siempre he tenido con quien hacer juntos las cosas, hasta este fin de semana pasado, en el que quise arrancar mi coche, que tras quedarme en el paro, hacía ya mucho tiempo que no ponía en marcha, que ni lo había notado en falta o incluso, ni siquiera había cruzado esos túneles que atraviesan la montaña en la nueva autovía desde que los inauguraron. Entonces, dado que el concesionario al que siempre había llevado mi vehículo también había cerrado, coincidiendo ahora igualmente con unos días de fiesta, comenté de pasada mi situación con un amigo, y este enseguida trajo a otro amigo que me ayudó a moverlo.

A pesar de que este problema no es nada del otro mundo y podemos vivir situaciones más graves, me percato que es en momentos como estos en los que verdaderamente se valora la amistad y se refuerza lo que se dice que hay que tener amigos incluso en el infierno. Nunca sabemos con qué situaciones nos podemos encontrar, al igual que nunca llegaremos a ser plenamente autosuficientes dentro esta sociedad, entonces hay que cultivar y reforzar siempre las buenas relaciones, con humildad, afecto, simpatía, sencillez, con disposición para la ayuda, tratando de resolver también los pequeños conflictos en las relaciones de nuestra vida diaria, desde la tolerancia y el respeto.

Seguro que si hacemos esto, todo nos irá bastando mejor y tendremos amigos. A todos ellos, ¡Gracias!.

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APROVECHAR LA CRISIS

Dicen que estamos en crisis, pero ¿qué es la crisis?. ¿Qué la ha provocado?. Posiblemente cabe pensar que la clase media ha llegado a un nivel de empoderamiento difícil de controlar y dominar. Así, es necesario adoptar medidas que les bajen los humos. También podemos añadir que realmente ha sido producto de la codicia humana, que tanto ha corrompido a los que han visto desfilar el dinero y el poder por sus manos.

Pero lo peor de todo, quizá es que aún hay quien está sacando beneficio de la crisis. Sin tener bastante con ver los cadáveres que esta está provocando, aún nos acaban sacando los ojos, vaciándonos también las vísceras para que no quede nada que pueda levantarse.

Así, la gente aprovecha para comprar propiedades a muy bajos precios (quizá antes estaban demasiado elevados), valiéndose de la desesperación de la gente que necesita librarse de cargas hipotecarias o le hace falta el dinero para salir adelante.

También hay empresarios que como no sacan tantos beneficios como obtenían antes, piden expedientes de regulación del empleo, o incluso, otros que llegan a deber ya algunas nóminas a los trabajadores, sin que ello les prive de haber lucido de su cargo en nuestras fiestas. O incluso peor, también hay quien les ofrece a los trabajadores enviarles al paro y después les pide que trabajen en negro, pagándoles así sólo media nomina.

Estas solamente son algunas de las cosas que he oído, no por habladurías, sino de gente afectada por estas situaciones. Y si no hay quien trabaje y actúe honradamente, seguro que los de arriba tampoco acabarán arremangándose para hacer ellos el trabajo duro.

Está claro que si realmente queremos salir de la crisis, si es que esta ya no interesa a los que la promueven, hay que ir pensando en abandonar el lucro, el egoísmo, las trampas y apoyarnos unos a otros, desde la igualdad, como personas, porque al fin y al cabo, por muy superiores que unos se puedan creer, todos acabamos sentándonos en la taza del váter, o lo que es aún peor, bajo tierra, pensando lo que pensemos, haciendo lo que hagamos, con dinero o sin él.

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CON EL AJO EN EL CULO

Llegaron las fiestas, se supone que motivo de alegría para todo el mundo, unos porque les gusta la fiesta, la viven o participan en ella, y otros porque la aprovechan para hacer algún viaje o descansar del trabajo.

Así, salvo las preocupaciones por la climatología propia de este mes de abril en nuestras tierras, la fiesta debe ser sinónimo de celebración, diversión, alegría, felicidad o descanso y tranquilidad, pero no sé qué pasa, porque me pareció que todo el mundo iba estresado, por ejemplo en el supermercado, todos embutidos allá, como si se acabase el mundo, sin dar tiempo a reponer las estanterías, atropellando para coger mejor turno en la cola de caja; o también conduciendo el coche, de aquí hacia allá, con prisa, haciendo sonar la bocina ante el mínimo imprevisto que nos pudiese producir un leve retraso, o incluso, llegando a colisionar con algún otro vehículo, como también pude presenciar.

Resulta curioso ver que en esta sociedad del bienestar, donde se supone que tenemos todo en necesario para vivir bien y tener una vida supuestamente más cómoda y fácil, en lugar de vivir mejor y más relajados, nos sucede lo contrario que cabría esperar. Así, parece que la gente te salta a la mínima, que no es capaz de comprender, disculpar o perdonar. No tiene paciencia. Por cualquier cosa se puede incurrir en insultos, una demanda o incluso llegar a las manos.

Por supuesto que de alguna manera ha mejorado y ahora ya no nos batimos en duelo con las pistolas o las espadas, pero esto no resta puntos al actual estado de agitación, al que como todo, quizá podemos culpar a la crisis.

Esto me hace preguntarme si estamos preparados para ser felices. ¿Realmente queremos la felicidad, la paz, la tranquilidad?. Parece que de alguna manera el ser humano no acaba de tener muy buena disposición para esto. Me parece que se regodea más con las dificultades, creando de nuevas cada día, buscando problemas, alimentándolos, envidiando, quejándose por todo, moviéndose en este mundo como si todo fueran obstáculos, o adversarios, quizá casi como si fuéramos animales tratando de sobrevivir en una jungla llena de peligros y depredadores.

Quizá es una visión muy negra, con la que no todos podemos estar de acuerdo. Todo depende de nuestra interacción pasiva, activa o indiferente con los otros, o de la capacidad de observación de cada uno sobre el entorno. Igualmente sólo se trata de pequeñas tormentas aisladas por aquí o por allá, que acaban coincidiendo cuando precisamente pasamos por allí.

Tal vez sólo cabe pensar como es nuestra vida y como se mueve la gente de nuestro alrededor más próximo. Y si vemos que reina la armonía, la comprensión y la paciencia, no hace falta preocuparse. Pero si vemos que no es así, quizá hay que hacer algo. ¿Estamos preparados para hacer un esfuerzo en este sentido?.
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