PELIGRO. EXPLOSIVOS

Una calurosa tarde de verano, van dos hombretones caminando por una de nuestras despobladas y calcinadas montañas, cada vez más frecuentes en nuestro país. De pronto, uno de ellos, agobiado por el calor, le dice a su compañero: “¡Oye!. ¡Tengo calor!”. A lo que el otro le responde: “Pues quítate la camiseta”. Sin dudarlo, se libra de esa prenda dejando al descubierto un pecho depilado y unos músculos esculpidos en el gimnasio. Asombrado, su compañero le dice: “Eres pura dinamita”. Prosiguen la marcha y aquel manifiesta que sigue teniendo calor,  a lo que el compañero nuevamente le responde: “Pues quítate los pantalones”. Sin prejuicio alguno, procede al igual que con la camiseta, mostrando unas piernas igualmente depiladas y perfectamente torneadas con horas de entrenamiento. Su amigo nuevamente vuelve a elogiar: “¡Eres pura dinamita!. Continúan su camino y el calor sigue agobiando, hasta el punto que nuevamente animado por el compañero, decide quitarse ya los calzoncillos. Ahora su acompañante vuelve a decir con gran sorpresa: “¡Eres pura dinamita, pero tienes muy poca mecha!”.

Quizá la situación que vivimos en nuestro país es más o menos la misma que la de esta historia. En los medios de comunicación y en las redes sociales se muestra el descontento de los ciudadanos por el estado del país. También en las conversaciones entre amigos se vive la incertidumbre de las medidas de la clase política y sus recortes. En las casas, igualmente existe ese mismo descontento. A menudo, los diálogos de la llamada “clase obrera" se tornan acalorados ante la reducción de dos derechos que tanto se han tardado en conseguir y tan poco en eliminar. Es decir, todo el país parece estar lleno de dinamita.

De vez en cuando, se producen manifestaciones que acaban pronto extinguiéndose como una cerilla ante el viento. Quizá sólo falta que esa llama necesaria para alcanzar la mecha, no se extinga y acabe por prender el fuego que detone los explosivos que hay por doquier. Ya veremos qué pasa en llegar septiembre.
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JUGANDO CON MIERDA Y ORÍN

Recientemente he recibido la propuesta escribir sobre el estado de algunos de los parques de nuestra ciudad, a los que supuestamente van los niños a jugar. Este amigo dice que fue con su sobrino al parque de la Zona Norte, y quizá por las fuerzas de la providencia, antes de que este niño se tirara por los tubos que hacen de tobogán, comprobó el estado de estos, percatándose espantado que estaban llenos de mierda. Según pudo hablar poco después con una vecina, igualmente indignada, esta comentaba como desde la ventana de su casa, veía como muchos adolescentes se dedican a mear en los toboganes y a hacer las mil y una guarradas más, sobre todo, los viernes por la noche.

Quizá habría que pensar en llamarles la atención a estos malpa... que sin duda aún responderían con insultos ante cualquiera que se atreviese a increparlos. Entonces se podría avisar a la policía, pero ¿hacen algo ante tonterías como estas?.

Sin duda, esta manera de divertirse o semejante muestra de civismo, es una cosa que no acabo de entender y añadiendo también los daños en el mobiliario urbano, las cagadas de los perros por los parques, las aceras o la vía verde... hace que tengamos esa ciudad cada vez más deteriorada, decadente e indignante. Quizá llega el momento de que los ciudadanos nos armemos de valor y digamos basta, pero sin duda, también cabe respuesta e implicación por parte de la administración, y no sólo redactando un documento que mencione todas estas cosas, sino con respuesta de la policía, quizá con sanciones que obliguen a restablecer los daños y molestias causadas. Está claro que a veces así necesitaríamos a un Guardia Civil detrás de cada uno, pero pobrecito del primero que atentara contra el orden público... Sin duda sería un ejemplo que haría que los siguientes malhechores se lo pensasen bien antes.

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EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Hace ya unas cuantas décadas, la gente huyó del campo para ir a las ciudades, donde había muchas más oportunidades y quizá también en busca de una mejor calidad de vida. Atrás quedaban los pueblos desiertos y abandonadas así sus actividades agrícolas, que habían estado dando de comer a la humanidad desde hacía siglos: labrando los campos, plantando semillas, regando, haciendo la cosecha, paciendo los ganados, criando las gallinas...

En las ciudades había mucho trabajo, mayores recursos económicos, servicios y comodidades y mucha gente joven fue en busca de un futuro mejor, como los antiguos colonizadores que migraron a tierras y continentes lejanos, quizá persiguiendo algunos sueños de riqueza.

Ahora las cosas han cambiado. En las ciudades no hay trabajo y mucha gente no tiene para comer. Quizá habría que volver al campo, viviendo en pueblos y masías de manera autónoma, como antes, criando los animales y buscando los frutos de la tierra, que son los que nos alimentan, pero quizá el que no esté familiarizado con estas tareas, tampoco sabe hasta qué punto las semillas han sido ya manipuladas por grandes empresas y los intereses de la supremacía alimentaria.

Debemos comprar una vez tras otra las semillas para plantar y obtener sus frutos, porque esos nuevos frutos que producirán las semillas adquiridas, serán estériles y no podremos utilizar sus correspondientes semillas, debiendo recurrir una vez más a sus proveedores, creando una dependencia absoluta de ellos. Es cierto que podríamos pensar que con la agricultura ecológica estamos salvados, pero los proveedores de las semillas son siempre los mismos y es tal su poder, que incluso el tráfico de semillas está prohibido.

¿Qué sucedería si hubiese alguna guerra o catástrofe que acabase con nuestro sistema de vida, lleno de intereses, ciencia y tecnología?. Sencillamente nos acabaríamos muriendo de hambre o malnutrición, una vez agotadas esas únicas semillas que tenemos, que han sido manipuladas genéticamente para que sean estériles.

Algunos dicen que con la manipulación genética, el hombre busca ser Dios, pero no es cierto. Él no tiene ningún interés económico, a pesar de que una cosa es cierta: se deifica a los que tienen ese poder en sus manos, dándoles una soberanía injusta, creándonos su absoluta dependencia, pero con esa manipulación genética, realmente estamos jugándonos nuestro pan del futuro por el interés económico y productivo de una minoría avariciosa y sin escrúpulos.

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MATEMÁTICAS PARA TORPES

Sube el IVA, sube el IBI, sube la luz, sube el gas, sube el combustible, se pagan los medicamentos... Se recortan los sueldos de los funcionarios, se recortan las prestaciones por desempleo, se recortan los sueldos... Estas son algunas medidas que dicen que se van a aplicar para salir de la crisis, pero me parece que en realidad, están dando “palos de ciego” y con ello, están atizando a todo el que está por medio.

La sociedad del consumo está en crisis. ¿Cómo esperan rescatarla con estas medidas?. Si una familia ha de ajustar su economía porque tiene pocos ingresos, aunque sólo sea lo justo para comer, pagar la casa y los impuestos, apurarán para comprar ropa cuando sea estrictamente necesario, al igual que cambiarse esa vieja nevera o lavadora. Prescindirán del autobús o de ese café o almuerzo en el bar, o incluso utilizarán el coche lo menos posible, postergando quizá esa revisión o el cambio de ruedas. Tampoco podrán ahorrar, ni comprarán esa tele nueva, ni se irán de vacaciones a un hotel de la costa, ni les llegará para comprarse una revista o libro que leer...

Es decir, esa familia dejará de consumir, y con ello, contribuirá a reducir los ingresos de las personas que dependen del consumo. Si multiplicamos familias con ajuste económico, la recesión va afectando a otros comercios y empresas, con lo que pronto tenemos otras familias más en la misma situación que las primeras, con lo que nos encontramos ese círculo oscuro y vicioso que nos va ahogando más a todos en la crisis.

¿Realmente queremos salir de la crisis?. ¿Queremos mantener el modelo de sociedad de consumo?. A mi más bien me parece que por si la cosa se pone peor, algunos se quieren llenar bien las arcas aún a costa de los demás, que siempre somos los mismos, la clase trabajadora.

Así, parece que una cosa está realmente clara: nos van a sacar hasta el último céntimo que podamos tener, pero ¿qué pasará cuando ya no nos quede ni uno?.

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ESTÁS CASTIGADO

Siempre nos han dicho que a veces una bofetada a tiempo es el mejor remedio para cortar actitudes de los hijos que no gustan a los padres, pero cuando la cosa parece irse de las manos, la única herramienta que conocemos ya es el castigo. Esto es lo que todos hemos aprendido y estas fórmulas se han ido aplicando unas generaciones tras otros, quizá con el convencimiento de que son las únicas herramientas que funcionan en la educación de los hijos.

Pero ha llegado un punto que ese “coscorrón a tiempo”, que incluso te lo podía dar el maestro en la escuela, se ha considerando un atentado contra los derechos del menores y quizá así también se ha perdido esa disciplina y respeto que había antes. Entonces, se recurre al castigo como la segunda y única opción. Pero ¿funciona?. ¿Hemos tenido que castigar más de una vez por un mismo tipo de acción?.

Resulta curioso que los abuelos o los padres, que sufrieron hambre y calamidades o falta de recursos, se dijeran a sí mismos “que mi hijo no sufra lo que yo padecí y tenga de todo”. Así, quizá de alguna manera también contribuyeron a sumergir los hijos en el consumismo, que junto a la indisciplina... Pero ¿qué pasa con el carácter, con los afectos, con las relaciones?. ¿A nadie le preocupa que no haya un cambio, una mejora, que nuestro hijo no sufra las mismas huellas en su personalidad?.

Quizá a menudo deberíamos probar otras herramientas, que tal vez nadie las aplicó en nosotros. Así, en lugar de medirlo con el hermano o el vecino, o menospreciando la falta de alguna aptitud, podríamos respetar su diferencia, reforzando sus aptitudes, ayudando a adquirir nuevas... En lugar de castigar ante las malas actitudes, podríamos probar recompensando las buenas. Una recompensa no es comprarle siempre algo al niño, sino una sonrisa, una muestra de alegría, unas palabras de satisfacción, una palmadita en la espalda, un reconocimiento delante de otros... Cosas muy baratas.

Quizá así nos han enseñado más a menospreciar que a elogiar los otros; a ser más fuertes, acorazando la sensibilidad, antes que mostrar los sentimientos; a ser dominadores en lugar de sumisos; a aparentar lo que no somos, porque también tenemos siempre al otro como punto de referencia para pasarle delante, ser más que él o imitarlo, paradójicamente convirtiéndose así en dominadores dominados, en almas de paja detrás de grandes murallas de castillo.

Es momento de plantearse cambios.

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PALABRAS Y OTRAS DROGAS


Hace poco fue el día mundial de la lucha contra las drogas y unos días antes, me invitaron a unas charlas sobre drogas en un instituto, como una herramienta de prevención. Curiosamente, hacía ya mucho tiempo que no paseaba por los pasillos llenos de esos adolescentes que quizá algunos califican de indisciplinados, que ya no tienen respeto por los profesores o los adultos o que no hacen otra cosa que pasar el tiempo, sin estudiar ni querer trabajar. Pero al fin y al cabo, quizá es más o menos lo que siempre han acabado diciendo todas las generaciones mayores sobre sus sucesores: “que a esta juventud no hay quien les entienda”. Quizá en realidad también se deba a que perdemos sintonía con el paso de los años.
La prevención sobre el uso indebido de las drogas, quizá es otra más de las grandes olvidadas, y más ahora, en tiempo de crisis. Debo decir que en estas charlas a las que acudí, a pesar de que no estaban mal y aportaban algunos datos interesantes, aunque quizá también demasiado técnicos y un poco desfasados, a menudo estuve a punto de dormirme, no sin poder haber observado como algunos de estos adolescentes también bostezaban; miraban hacia cualquier lugar sin prestar atención o incluso charlaban entre ellos. Ciertamente, la persona encargada de dar la charla, no conectó con su público adolescente. Quizá esta no siempre es una tarea sencilla, y más con los cambios en la educación, la disciplina o los valores, pero si algo de provecho se persigue sacar, como en este caso con una información útil como pueda ser la prevención ante del uso de las drogas, es necesario actualizarse y saber enganchar con el público, quizá como supo hacer la Unidad de Prevención Comunitaria en Conductas Adictivas de nuestra ciudad al organizar para este día, un partido amistoso de fútbol en el que pudieron participar los bomberos y otras entidades locales, aparte de algunos jóvenes que estaban en tratamiento por su adicción.
Esta actividad fue una muestra de implicación, participación y colaboración entre diferentes recursos de nuestra ciudad que quizá, arrastrados por el poder de convocatoria del fútbol, hizo que todos disfrutasen de la experiencia, y más esos jóvenes que necesitan apoyo y motivación para salir adelante lejos de las drogas, y en especial, en esta sociedad actual donde quizá los jóvenes también encuentran muchas dificultades para forjarse la personalidad y poder abrirse futuro.
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CERCA DEL INFIERNO


Una vez más el fuego nos rodea, afecta también muchos otros países. Se dice que en la mayoría de los casos, suelen ser provocados, pero ni tan siquiera el aumento de las penas impuestas ante este tipo de acciones, suele frenar a estos terroristas de la naturaleza, porque parece que están seguros que no los descubrirán con facilidad.
 Hay intereses alrededor de la madera, por los terrenos para construir urbanizaciones, para canalizar un gasoducto, hacer una vía de tren o una autopista, pero también para forzar la contratación de medios de extinción o aumentar sus partidas presupuestarias.
Actuando así, hay que proponer que los mecánicos del automóvil podrían dedicarse a crear daños en los coches aparcados en la calle para así tener más trabajo con las consiguientes reparaciones necesarias. Los farmacéuticos podrían difundir numerosa clase de virus en el aire para vender más medicinas. Los electricistas podrían producir apagones para que necesitásemos de sus servicios. Los pintores también podrían manchar las fachadas para que igualmente los necesitásemos. Los constructores podrían derribar algunas casas para así tener que construir nuevas. Lo mismo cabe pensar de los policías, que podrían liberar pronto a los delincuentes para que volviesen a sus actividades delictivas y así nosotros también tuviéramos que recurrir una vez más a la ley y su justicia.
Sin duda, así tendríamos lugares de trabajo para todos y quizá, con un cinismo como el que muestran todas las personas que hay alrededor de los intereses que provocan los incendios, podríamos salir de esta crisis que nos afecta, está claro que quizá nos adentraríamos dentro de un otra peor, pero hay que ser optimistas: ¡ya encontraríamos la manera de salir!.
Yo por sí a caso, voy a tener que buscar trabajo como corredor de seguros, lo malo es que por el momento nadie quiere asegurar el patrimonio natural.
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