AIRES DE MONTAÑA

Llega el verano y mucha gente se va a la playa de vacaciones, pero también hay muchos pueblos de interior, como el nuestro, en el que aunque no quede nadie en verano, durante todo el año se quiere promover el turismo de interior como una nueva alternativa: naturaleza, museos para visitar y aires de montaña, que nos traerán un ambiente diferente para disfrutar de nuestras vacaciones: la combinación perfecta entre cultura y medio ambiente. Por no mencionar el esplendor de las fiestas locales.
Pero a veces da lástima ver a esos pobrecillos visitantes, preguntando, ¡Y gracias si hablan castellano!, con un callejero en mano y más perdidos que una rana en un desierto, buscando fachadas de edificios emblemáticos, iglesias o museos u oficina de turismo, que da la casualidad que ese mismo día están cerrados, por no hablar de la señalización de los parajes naturales o la ausencia de guías para excursiones por la naturaleza que nos rodea. Sin duda, creo que aún estamos bastante lejos de ser una ciudad turística y más, con los aires que pueden respirarse. Es lógico que podamos estar estancados.
Así, anotando una curiosidad que quizá poco tenga que ver, hace unos días, paseando con mi mujer por esta ciudad, pasamos por delante de un centro social de mayores en el preciso momento en que un anciano salía escapado por la puerta, y sin mirar tras de sí, dejaba volar unos sonoros pedos, que nos comimos de lleno por ir hablando con la boca abierta. ¡Qué decir del aroma que uno puede encontrar!. He de anotar que no se trataba de ningún tipo de planta aromática. ¿Qué podría pensar así un posible visitante extranjero de nuestra hospitalidad?. Porque obviamente las risas y tema de conversación que este evento les produciría, no duraría más que unos breves instantes, que no darían tanto como para llenar unos días de vacaciones.
Quizá para ser una ciudad turística, además de fiestas locales, historia, parajes naturales; museos, tiendas, restaurantes y oficina de turismo, estos han de estar abiertos para proporcionar al visitante cuanto pueda necesitar, pero también es bastante necesaria una cultura de hospitalidad que podemos encontrar en todos aquellos pueblos que viven del turismo.
Cambiar de ciudad industrial a ciudad turística, quizá buscando suplir la merma del sector productivo, no es algo que se consigue de un día para otro; no es algo que va a proporcionar en pocos días mucho puestos de trabajo que no caigan en la pura eventualidad. Así tampoco es necesario instalar campos de golf u hoteles en medio de un parque natural para gente elitista, pensando que es la que maneja la economía y nos dejarán grandes fortunas capaces de levantar nuestra ciudad. Para atraer el turismo, sin duda creo hay que ofrecer mucho dinamismo y esto no es poner un escaparate, sino acompañar, llevar de la mano al visitante hacia el interior, en un ambiente de calidez que no proporcionará sólo una persona simpática, sino la gran mayoría de habitantes con los que puede encontrarse el visitante y que por supuesto, hable la lengua que hable, hemos de hacernos entender.
¿Quién no ha librado nunca esa batalla contra la voluntad del esfínter, aún a punto de estallarnos el vientre, porque estábamos en un lugar público?. Quizá la misma presión o similar es la que deben experimentar aquellos que querían cambiar los aires que mueven esta ciudad, para lo que no sólo con el voto es suficiente, sino que es necesario también contar con la opinión pública, que al fin y al cabo, da menos que el voto, pero en realidad acaba teniendo mayor fuerza.