HOMBRES DE HIERRO

Dicen que antes la gente empezaba a trabajar a los catorce años, por lo menos así lo hicieron mi padre y mis abuelos, incluso quizá algunos años antes. Mi madre también empezó pronto, pero en este sentido, de quien más me acuerdo es de mi padre, hecho que quizá no queda tan lejos de nuestros días. Recuerdo pocas ocasiones en las que tuviera vacaciones. Trabajaba también largas jornadas de lunes a sábado, yéndose de casa bien temprano, cuando todos estaban durmiendo y aún faltaban unas horas para la salida del sol, pasando por casa de manera fugaz a hora de comer y volviendo una vez más a la hora de cenar o incluso, algunos días, más tarde. Los pocos momentos que estaba por casa, se los pasaba descansando en el sofá. Si alguna vez se debió ausentar de su puesto de trabajo a lo largo de toda su vida laboral, en la que ya tiene más de cuarenta años cotizados, sobrarían dedos de una mano para contarlas. No lo acuerdo nunca enfermo o de baja laboral.
Sé también de otros hombres de la edad de mi padre que estaban trabajando hasta que les llamaban del paritorio para decirles que habían tenido un niño o una niña. Y otros con un brazo o una pierna enyesada, que igualmente han continuado yendo a su lugar de trabajo. Son hombres que han nacido para trabajar y que como han estado trabajando desde bien pequeños, quizá no conocen mejor manera de emplear su tiempo. Así tampoco han tenido demasiados momentos para gozar de la vida o la familia e incluso, quizá cuando los jubilen no sepan qué hacer y empiecen a experimentar la desazón o las dolencias que nunca han tenido.
Algunos llegan a percatarse que en la vida no es todo trabajar o que por mucho que trabajen, no dejarán de ser trabajadores, ni llegarán a amasar grandes fortunas para gozar de una jubilación de lujo, o que, por mucho que trabajen, el mundo continuará su marcha y el dinero siempre continuarán llevándoselo los mismos de siempre.
Quizá ya no quedan hombres así, como tampoco trabajo en estas condiciones, no obstante, a veces vivimos o sufrimos nuestras propias circunstancias sin ser muy conscientes que la vida pasa, como una experiencia única e irrepetible, en la que el trabajo, igual que dormir, son partes importantes, pero es igualmente importante gozar de tiempo de ocio, con la familia, con los amigos o con un mismo. Es esta variedad la que le da color a la vida y hace que merezca la pena vivirla.